El mito griego presenta a ‘Atlas’ como un titán castigado por sus fallidas actividades revolucionarias con la responsabilidad de sostener los pilares del cielo y la tierra, encargado de garantizar su integridad como entidades separadas. Como investigadores y ensambladores del Atlas, desde OID hemos sentido el peso del Valle de los Caídos y lo que contiene sobre nuestros hombros; el peso de una tabla de datos con más de 40 mil entradas que nunca terminaremos de dar por definitiva. Como todo atlas, este no busca cerrar su relato, sino abrir múltiples formas de evidenciarlo. En él aparecen constantemente, de forma problemática, nuevas zonas de exploración desarrolladas de forma desigual, pero inconclusas: siempre en construcción, sosteniéndose en la ambigüedad sin resolverla. Esta condición es entendida por OID como un gesto esencial, que necesita desplegarse lentamente, sobre cómo visualizar, entender, y acercarse desde la multiplicidad inconclusa.
Atlas de la Desaparición no es un proyecto sobre el Valle, sino a pesar de él, siendo el lugar común que atraviesa a las más de 33.000 personas que ahí se encuentran, con sus relatos y contextos. El Valle de los Caídos – un esfuerzo monumental de contener la violencia y ‘cerrar’ una historia del país – se desborda. Nos desborda. Sólo con su puesta en común y circulación seremos capaces, entre todas, de sostenerlo en su totalidad.
Atlas de la Desaparición es una investigación de larga duración de la Oficina de Investigación Documental (OID) cuyo objetivo es desentrañar esta opacidad en torno a las historias de desaparición forzada que convergen en el Valle de los Caídos, explorando diversas metodologías como prácticas de mediación para abordar lo ausente, lo invisible, lo desaparecido y lo afectivo.
El Valle de los Caídos es un complejo monumental construido por orden de la dictadura franquista española (1939-1975), situado en el valle de Cuelgamuros, a 50 kilómetros de Madrid. Entre 1959 y 1983, el régimen franquista ordenó y orquestó la exhumación y traslado de 632 fosas comunes y enterramientos distribuidos por toda la geografía española a las criptas de este monumento fascista. Concebido como un mausoleo para conmemorar el vigésimo aniversario de la victoria militar del fascismo contra la democracia, según los registros oficiales, alberga los restos de 33.855 combatientes y represaliados de la guerra civil española, tanto del bando republicano como del bando sublevado. De ellos, 12.397 aún figuran como “desconocidos”en el libro de registro de inhumaciones.
Estos traslados se realizaron en numerosas ocasiones de manera opaca, sin consentimiento ni notificación alguna a los familiares. A día de hoy, un centenar de familias siguen luchando por recuperar los restos de sus seres queridos. Y aún hoy, muchas otras familias desconocen que sus seres queridos fueron trasladados al mausoleo, o se encuentran en proceso de descubrirlo. Aunque hay una gran cantidad de archivos sobre el Valle y sobre la enorme operación logística llevada a cabo para trasladar y esconder más de 33 mil personas detrás de sus paredes, la documentación es incompleta, a veces inaccesible, y contiene errores, rastros, y grandes vacíos y silencios.
Partiendo del trabajo con los familiares de víctimas, Atlas de la Desaparición se formó a partir de un esfuerzo colectivo para digitalizar y hacer accesible la información sobre los inhumados, sus fosas de origen y la arquitectura oculta donde se encuentran actualmente. Pero pronto se evidenció la imposibilidad de abordar este lugar solo a través de sus datos. El Valle y su historia imponen límites – escalas inhumanas desmesuradas, violencias institucionales, ausencias forzadas, materialidad documental fragmentaria y precaria, lagunas de conocimiento e incertidumbres – que imposibilitan acercarse desde un único lugar.
En consecuencia, su aproximación requiere múltiples metodologías experimentales y diversos puntos de partida. Es por esto que Atlas no deja de ser una suma conflictuada de capas metodológicas que organizan la incertidumbre para convertirla en herramienta de investigación y mediación. Se sitúa no sólo en el Valle, sino en un territorio expandido de desapariciones en diálogo con los familiares y los paisajes de donde fueron extraídas estas personas. Operamos siempre de forma doble: trabajamos desde la poca información que existe, tratándola con rigor y volviéndola disponible, a la vez que dejamos que las lógicas forenses nos desborden para desarrollar un trabajo afectivo que apela a las prácticas artísticas. Ambos acercamientos componen un dispositivo de mediación que despliega el archivo y las memorias silenciadas para hacerlas resonar en el presente.
Las prácticas desarrolladas incluyen, hasta el momento, la presente página web, un archivo, trabajo de modelado y visualización, prácticas efímeras y performances, derivas, piezas sonoras, conferencias y talleres.
Los esfuerzos más recientes de OID han ido en dirección de hacerse cargo de las personas que nadie puede reclamar. En el Valle hay 12.397 personas desconocidas. 12.397 identidades borradas, robadas, desaparecidas. Nos entregamos a esta tarea pendiente, una de tantas, dando un tiempo y un espacio cuidado a esta cifra escandalosa. El reto es ir más allá de la enunciación de la cifra. Nos preguntamos ¿qué puede movilizar enfrentarse a lo desconocido? ¿Qué sucede cuando hay muy poco o casi nada de lo que tirar? ¿Qué es lo que nuestra investigación está dejando fuera?